18 de febrero de 2012

CUESTIÓN ALIMENTICIA









CUESTIÓN ALIMENTICIA




Los dioses comen siempre de la mano del hombre, del que encarna el olvido o del que ofrece incienso.


Se tañe una campana y hay un dios que se asoma.
Si abrimos una puerta, otro se aleja para siempre.
Parecen muchos pero tal vez es el mismo con varios pasaportes y disfraces como un espía de película.
—Tal vez es sólo el hombre la medida de la divinidad, de su abandono y su recuerdo—.


Cuando un fusil dispara, nadie sabe si los dioses se ocultan o sonríen, nunca estaré seguro de si es burla, vergüenza o falta de memoria.
Cuando alguien sufre sin culpa y sin remedio, los dioses se distraen picoteando como palomos en la palma de algún traidor a nuestra especie.


Nunca se dan por satisfechos, jamás detienen su voraz costumbre.
Están siempre a la mesa de la vida para que los mortales alimentemos su poder con miedo.
Más que comer, devoran. Por si acaso, yo cierro el puño y guardo la comida, no me fío de ellos.








Enrique Gracia Trinidad- España





3 comentarios:

tino dijo...

Estos versos me recuerdan aquellos versos de la mitología babilónica de Ennuma Elis. Y es que los dioses siempre están al acecho buscando a quien devorar.
Me gustaron. Gracias Fernando por traernos estos regalos.

FERNANDO SABIDO SÁNCHEZ dijo...

GRACIAS A TI TINO, UN FUERTE ABRAZO

Ana Muela Sopeña dijo...

Un gran poema que nos permite reflexionar sobre cuestiones tan candentes como si el hombre crea a los dioses o los dioses crean al hombre. Yo creo que se retroalimentan, pero también creo que más que un Dios o unos dioses llenos de amor y compasión los dioses son belicosas y se nutren de nuestras desgracias. Al menos eso parece indicar nuestro terrible mundo.

Abrazos
Ana