26 de agosto de 2013

El Sueño a Plena Luz del Día

                                                                                                                          Jude Nutter


El Sueño a Plena Luz del Día


Camino bajo los árboles a través de una casa
de fuego verde, hacia abajo a través de las piedras y los cerrados
armarios azules de los mejillones hasta donde los salmones
están embotellados en la boca del río
bajo la gran pisada del sol,
en agua canora con su deseo.

Han viajado, sin opción, durante años,
de vuelta al salpicón de luz de hoja y sombra
en las corrientes y los bucles del río, donde las aguas
todavía tienen el gusto del sobresalto tomado con sus primeros respiros,
como la carne de sus padres, de sangre
y semen y metales preciosos.

Podría caminar a través de la bahía sobre la balsa que forman
con el fuego y la masilla de sus cuerpos, y es fácil
ver cómo dos de ellos en las manos de un profeta
una vez nos satisficieron en tales números.
Existen muchas clases de hambre

y deslizarse dentro del agua es como volver a casa,
a una gran bienvenida, después de una pelea,
así que con mi máscara y mis aletas y mi piel completamente nueva
nado a través de sus filas de flama. Te digo

que hay algo inmenso – como la oscuridad
dentro de los espejos y las catedrales, como un bosque
visto a la noche desde un tren – dentro de los ojos de los peces;

que detrás del portal blindado de cada
una de las láminas de las agallas guiña la luminosa, melancólica señal
de las branquias como algo en parte prohibido – brilla,
quizás, y vistazos de los muertos en sus incesantes vigilias
detrás de cada una de miles de puertas
abiertas de pronto de par en par. Cuando no hay nada
en el mundo sobre lo cual escribir, dijo Rilke, debemos escribir
sobre nuestros sueños y miedos. Pero qué sucede si el mundo

mismo es nuestro sueño. Y nuestro miedo. Y nuestro miedo
es que desaparecemos como ellos – soñando con el hogar,
boqueando aire, propulsados, hambrientos, vestidos
de carmesí. Uno entre muchos. Como una pelusa
de resplandor cuando el viento gira
hacia la costa en el atardecer. Y nuestro sueño, por supuesto,
es el mismo.

traducción: Gabriela Adelstein, Buenos Aires, 2013







The Dream in Broad Daylight 


I walk beneath the trees through a house
of green fire, down across the rocks and the locked
blue closets of the mussels to where the sockeye
are bottlenecked at the mouth of the river
under the great footfall of the sun,
in water canorous with their desire.

They have travelled, without choice, for years,
back to the salmagundi of leaf-light and shadow
in the river’s rills and braids, where the waters
still taste like the drawn shock of their first breathings,
like the flesh of their parents, of blood
and milt and precious metals.

I could walk across the bay on the raft they make
with the fire and spackle of their bodies, and it’s easy
to see how two of them in the hands of a prophet
once satisfied us in such numbers.
There are many kinds of hunger,

and slipping into water is like coming home,
to great welcome, after an argument,
so in my mask and fins and my brand-new skin
I swim through their ranks of flame. I tell you

there is something immense—like the dark
inside mirrors and cathedrals, like a forest
seen at night from a train—inside the eyes of fish;

that behind the armoured portal of every
single gill plate winks the luminous, wistful signal
of the gills like something partly forbidden—glints,
perhaps, and glimpses of the dead in their ceaseless vigils
behind every one of a thousand doors
standing suddenly ajar. When there’s nothing
in the world to write about, said Rilke, we must write
about our dreams and fears. But what happens if the world

itself is our dream. And our fear. And our fear
is that we vanish like they do—dreaming of home,
mouthing for air, driven, starving, dressed
in crimson. One among many. Like a fluff
of radiance when the wind turns
towards shore at evening. And our dream, of course,
is the same.

The Curator of Silence, Notre Dame, IN: Notre Dame Press, 2007





Jude Nutter- Estados Unidos