8 de septiembre de 2013

DESPUÉS DEL SILENCIO



DESPUÉS DEL SILENCIO



Llegaron desordenando a puntapiés la noche,
pisadas que dejaban imperecederas huellas.
Ojos chispeantes y caras pintadas golpeando las palabras,
fieras que apuntaban la inocencia.
Pieza por pieza no hubo intimidad,
las paredes temblaban despertadas de sueños
que se hicieron pesadillas.

La casa entera sollozaba con espanto
aterida por el peso de las botas.
Después todo quedó en silencio,
las sombras no cayeron escondidas en los rincones
asomaban tímidas su gran oreja.
Los niños abrazados a la madre
tiritando con ojos abismales que confundieron
las pregunta y respuestas.

Se fueron con él, la puerta se cerró tras su espalda.
Eran doce,
todos vestidos de oprobio,
todos armados de violencia,
todos buscando lo desconocido.

No hubo paz, no hubo sueños,
se borró para siempre la voz, sólo un murmullo
recorría sigiloso los pasillos.
Los niños le hablaban a ventanas enrejadas,
en afán de crear en sus  mentes
el cuarto de horror en donde el padre se encontraba.

Después del silencio, un espacio,
un dolor que laceró las entrañas se hizo grande
y salió en un ronco desafío.
Las manos rasgaron la imposición, el castigo,
las celdas atestadas de exculpados,
no dieron abasto a indulgencias,
sin delito, la tolerancia enceguecía.

El país oscureció sus avenidas de infamia.
La palabra se volvió clandestina,
de la noche a la mañana las paredes se tiñeron de protesta,
rayados de denuncia por todo el territorio.
No dejaron  muralla sin mensaje,
un eco recorrió las calles
apuntando directo a los culpables.

Y después, cayó el tirano.
Y después  las puertas de la infamia se abrieron,
la inocencia salió del laberinto,
cortó cadenas,
limpio su cuerpo del ultraje.

Se hizo día,  sopló el viento justiciero.
Y después… mucho después del fatídico silencio,
poco a poco  se curaron  sus heridas
dejando profundas cicatrices…






Marianela Puebla- Chile