3 de septiembre de 2013

Me muero irremediablemente





Me muero irremediablemente


Me estoy muriendo en una Biblioteca
entre libros en fila,
testigos filósofos del hecho;
libros que desde lejos me contemplan,
mudos por fuera,
pero por dentro llenos de elocuencia,
y a quienes digo:
un momento Jorge Manríque,
San Juan de la Cruz, espérame,
perdóname, Quevedo.

Pidió mi muerte a plazos
el director del establecimiento,
la decretó el Ministro a ciegas,
y las paredes frías
quedaron silenciosas;
el techo de cemento
todavía no se viene abajo,
los mármoles del piso
parecen lápidas.

Oídlo por mi boca:
me muero día a día.
Que lo digan simultáneamente
mi compañero Alfonso Montenegro,
mi amigo Juan Cavada, la señora Emma, 
las tres Marías de la Biblioteca
las dos Zulemas.
Y también los más jóvenes,
desde hoy sentenciados
a morir con el libro en la mano.

El alma se me cae en los tinteros,
nado en un mar de fichas y papeles,
archivadores, cartas,
máquinas de escribir, feroces máquinas
de sumar y multiplicar congojas,
timbres eléctricos,
gritos del emperador doméstico,
números, oficios:
me falta el aire azul,
me ahogo irremediablemente.

Soliciten una junta de médicos,
traigan sus instrumentales los doctores,
alargadme una rama,
llamad a los bomberos.
Aquí se necesitan
brujas en una escoba,
exorcismos violentos,
uñas de la gran bestia,
amuletos o cruces
para espantar el diablo en esta casa.

Píldoras para la libertad perdida,
cuerdas de salvataje,
una ventana abierta al sur,
un caballo ensillado,
una ráfaga.

Venid con yerbas frescas
para mi mal de adentro;
necesito con urgencia una botica,
yo todo me lo tragaré de golpe:
mis días están contados
pero aún pudiera ser tiempo.

Poned un radiograma a los poetas,
que los colegas sepan la noticia,
que nadie ignore cómo me encarnecen,
un cable que escuetamente diga:
“por disposición del jefe de Servicio
-un malo de la cabeza-
a esta hora se está muriendo,
irremediablemente,
Juvencio Valle
en la Biblioteca Nacional de Chile”.

en Estación al atardecer, 1971




Juvencio Valle- Chile






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Juvencio Valle
Juvencio Valle, seudónimo de Gilberto Concha Riffo. (Villa Almagro, Nueva Imperial, 6 de noviembre de 1900 – Santiago, 12 de febrero de 1999) fue un poeta chileno.

Sus estudios primarios los realizó en su pueblo natal , posteriormente a los once años se traslada a Temuco y estudia en el liceo de hombres de esa ciudad del sur de Chile, donde también, a la sazón, asistía Pablo Neruda.
En 1918 viaja por primera vez a Santiago, donde permanece durante dos años; a partir de esa fecha comienza a escribir sus poemas iniciales.
Al año siguiente de la publicación de su segundo libro, en 1933, se radicó en Santiago, lo que significó el comienzo de una etapa bohemia en su vida, que quedó reflejada en su obra inmediata.
En 1938 viajó a España, como corresponsal de guerra de la revista Ercilla. De regreso a Chile, en 1941 ganó el concurso de la Municipalidad de Santiago, con su libro Nimbo de piedra, dedicado a los cuatrocientos años de la ciudad. A partir de esa fecha Juvencio Valle viajó en repetidas oportunidades a Rumanía, a la Unión Soviética, a los países del este de Europa y a Cuba.
En 1966 recibió el Premio Nacional de Literatura
Además, destaca por ser uno de los fundadores de la Comisión Chilena de Derechos Humanos en el año 1978, junto a Jaime Castillo Velasco, Joaquín Luco Valenzuela, Mila Oyarzún, entre otros.

Obras

La flauta del hombre pan. 1929.
El tratado del bosque. 1932.
El libro primero de Margarita. 1937
Nimbo de piedra. 1941.
El hijo del guardabosque. 1951.
Del monte en la ladera.1960.
Nuestra tierra se mueve, poesía, 1960.
El grito en el cielo, poesía, 1965.
Estación al atardecer, poesía, 1971.