9 de septiembre de 2013

OLVIDO SIN OLVIDAR: DOS POEMAS DE EDUARDO EMBRY





Qué país es la Inglaterra de Sudamérica

1

No es que mi casa
fuera la casa del presidente de mi país,
ni es que la casa del presidente
fuera realmente mi casa,
ni es que los aviones
que bombardeaban la casa del presidente
fueran aviones
que bombardearan realmente mi casa,
ni es que esos aviones
que bombardeaban mi casa
no fueran aviones de mi propio país,
ni tampoco es que esos aviones
que bombardearon la casa del presidente
fueran aviones que bombardeaban
la casa del presidente de otro país,
ni es que ponga en duda
la habilidad de una bomba
para destruir y reconstruir la casa de un presidente,
lo que realmente me quita el sueño
es la cara de sorpresa de su majestad
la reina Isabel II
cuando le preguntemos – si es que vale la pena preguntarle –
“señora, ¿qué país es la Inglaterra de Sudamérica?”

(este texto fue escrito a finales de noviembre de 1973, publicado de la revista de Casa de las América, en 1974)




Olvido sin olvidar


La onda es olvidar sin olvido,
el olvido es una sombra:
si uno quisiera olvidar,
sentado en una silla, próximo
al conductor de un automóvil,
es el olvido que conduce, acelera,
hace cambios equívocos,
se salta la luz roja, el olvido es
una excelente fotografía
de la cordillera de los Andes,
el olvido es como aquel que piensa,
- sólo el que piensa existe-
el olvido atraviesa contigo la calle,
todo aquel que no piensa
piensa que el olvido no tiene existencia,
pero el olvido en sí mismo
es una materia inolvidable,
el olvido quisiera
que todos los días fueran
una sola noche montada sobre otra noche,
un caballero de pinta impecable,
un paraguas que se abre solo,
un fuego negro de borrar con un soplete
las huellas digitales de estos tiempos,
que nadie oiga el alicate maldito
que arranca el diente de oro
de un prisionero condenado a muerte,
este es el olvido, mírenle la cara
que nadie olvide al arrogante
que manda, permite, prohíbe,
que nadie olvide al soplón,
aquel que hizo los paquetes
amarrados a un lingote;
este es el perro que no muerde,
después de todo, entra tranquilamente a un café
donde se habla,
se mira, se observa
la taza encima de la mesa,
la cucharita que revuelve el azúcar;
si el olvido se convirtiera en ceniza,
del olvido crecería un pájaro;
si todos acordáramos olvidar,
los peces harían sus nidos en los árboles,
todo el amor que está en el aire
- los caballos y los rinocerontes-
taparían con un dedo la luz del sol. 

EDUARDO EMBRY, DESDE INGLATERRA.





Eduardo Embry- Chile