12 de octubre de 2013

Letanía en tono menor para los vivos





Letanía en tono menor
para los vivos

(Plegaria obligatoria en estos días)

Generales sin pudor, 
matarifes, asesinos. 
Fuego, muerte, escarnio, crimen. 
Luto de América toda 
por Septiembre; 
crespón y muerte enlutada 
por Septiembre; 
luto de la conciencia 
y del hombre, 
por Septiembre. 
Luto de pueblos no esclavos, 
por Septiembre.

La zarpa viene del Norte 
y encuentra abono en las ratas, 
en las cloacas, 
en el Sur. 
Abona su halo en la bazofia 
y en el fango; 
y en aquellos sumideros, 
resumideros dice el hombre, 
el hombre que sin mancharse 
afirma que al fin se llaman 
Pinochet, Palacios Rhuma, 
Onofre, Onofre Jarpa 
los que mataron a Allende 
y sepultaron a Chile.

El lacayo imperialista: 
Pinochet, 
el vulgar, el asesino: 
Pinochet; 
el patricida, el maligno: 
Pinochet; 
el antichile, el antipueblo: 
Pinochet.

Pinochet, Augusto Pinochet, 
maldito seas. 
Augusto Pinochet, criminal, 
maldito seas. 
Augusto Pinochet, conculcador, 
maldito seas. 
Augusto Pinochet, genocida, 
maldito seas.

Vientos de furia se enroscan 
en las vertientes del mundo, 
por Chile; 
cantos de futuro brotan 
en las gargantas del mundo, 
por Chile; 
salmos de gloria por Chile 
cantan las voces del mundo, 
por Chile. 
Por Chile se unen los pueblos, 
todos los pueblos del mundo, 
por Chile.

Palacios Rhuma, traficante, 
maldito seas; 
Palacios Rhuma, hiena, 
maldito seas; 
Palacios Rhuma, sanguinario, 
maldito seas.

Por el fusil de las voces 
vienen cantando los pueblos, 
por Chile; 
la huella que allá prendió 
la siguen todos los pueblos, 
por Chile; 
negros, blancos, indios, 
todos, 
todos los hombres del mundo 
rasgan las cuerdas del aire 
para cantar la victoria 
del mundo todo, 
por Chile.

Onofre Jarpa, zarpa, 
nacido del fornicar 
de un alacrán y una víbora, 
maldito seas.

Te crees dueño de Chile 
y no eres dueño de nada. 
Te vendiste, nada tienes. 
Tú ya naciste vendido, 
bandido desde aquel vientre. 
Tu cuna fue alguna cloaca, 
el sumidero, la llaga, 
el estercolero; 
igual que Palacios Rhuma 
resumidero de cloacas 
con Augusto Pinochet.

¡Malditos! ¡Malditos! 
¡Malditos sean!

Se están nutriendo de sangre 
bebiéndola como vino; 
quieren matar esa lumbre, 
la luz del pueblo chileno 
que sigue alumbrando a América 
en el recuerdo de Allende 
y las voces de Neruda.

No serás iluminado 
maldito Palacios Rhuma; 
no serás iluminado, 
tú maldito Pinochet 
y menos tú Onofre Zarpa.

Los alumbrará el norteño. 
Su dueño, 
la Cia, 
la Compañía, 
los agentes de la muerte 
para servirle a la muerte. 
Mas esa lumbre no es fuerte, 
no es viva, titila, tiembla. 
Es mano que se tiende 
desde el Norte 
no es segura.

El lacayo, el lacayo 
es un leproso 
y estos mueren a pedazos, 
a fuerza de escupitazos.

Así morirás, Augusto, 
lacayo, 
Pinochet.

Augusto, maldito 
y hecho pedazos. 
Así caerá el Palacio 
Rhuma de estiércol 
y sangre, 
manchado y hecho 
pedazos, 
maldito y hecho 
pedazos.

Así morirás, Onofre, 
muerto entre tu propia 
zarpa; 
maldito y hecho 
pedazos.

Pinochet, Augusto Pinochet, 
maldito seas. 

Augusto Pinochet, criminal, 
maldito seas. 
Augusto Pinochet, conculcador, 
maldito seas. 
Augusto Pinochet, genocida, 
maldito seas.

Así morirán. 
Malditos. Hechos pedazos. 
¡Malditos! ¡Malditos todos! 
¡Malditos. Malditos sean!







Luis Beltrán Mago- Venezuela





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Luis Beltrán Mago

Nació en el año 1922 en Cumaná, Estado Sucre (Venezuela). Abogado, poeta.
Fue fiscal del Ministerio Público, presidente del Circulo de Escritores de Venezuela y autor de los libros: No es tiempo de callar, Baje hacia las estrellas y entre otros Los eucaliptos miran hacia el sur ..

Hablar de Luis Beltrán Mago es entrar en el universo poético de uno de los más destacados poetas y ensayistas venezolanos aún vivos. Hace poco, a través de su gran amigo, también gran escritor, Alejo Urdaneta, me hizo llegar una antología poética, como se hace llegar un precioso, mágico regalo, sorprendente e inesperado. Su obra, de un rico y gran equilibrio componente poético, se ha ido experimentando y componiendo bella y adecuadamente, a través de recorrer senderos y caminos, de navegar por mares, de retener tiempo y respirar atmósferas, en un largo, providencial viaje por su Venezuela amada y dolida…

Entregado a ese éxodo imparable de caminante, Luis Beltrán Mago idealiza y trasforma constantemente los destinos, explorándolos a través de anécdotas prodigiosas, de contactos con el amor y las gentes, de adueñarse del paisaje y ser parte de él en simbiosis cuasi-perfecta. Todo lo recoge, todo lo asimila y lo trasforma en poesía, en sensaciones que nos va regalando como una magna muestra enfebrecida de sol y naturaleza. Ese viaje-viraje en pos de lo sentido, en aliento de lo artístico nacido de su enorme naturaleza sensitiva, siempre indagadora, nos sublima, nos hace mejores, lo sentimos como poeta necesario.

Luis Beltrán pincela sus poemas, los acromatiza, los llena de acuarelas, de colores, de recursos luminosos y transformaciones emotivas, creando una metamorfosis fecunda en el gran lienzo sin fin que es la poesía. O bien se nos muestra como el gran orfebre en desafío constante, trabajando el verso palabra a palabra, dejándonos una visión de brocada claridad –permítaseme la expresión- no exenta de densidad luminosa y fecunda belleza.

Islas, mar, llanuras, altitudes de la geografía que él sobrevuela y capta; imágenes que nos llegan desbordantes; tropos, métrica y ritmo caribeño sentido en movimientos constantes, en ligereza de aire expresado desde una destacada y hermosa voz, canto universal, denuncia o susurro coloquial, templanza... El poeta siempre está al lado nuestro, es albañil, es barrendero, es oficinista o panadero, es del pueblo y para el pueblo. Por tanto, Luis Beltrán es un poeta inmediato, alquímico y vivencial; poeta que va iluminando y poblando el camino de versos; propiciando sendas a los otros desde la certeza de quien sólo entiende de sentimientos transformadores para bien. Y los expone sencillamente brillantes, sublimes, especiales, conmovedores, necesarios.
Una aventura leer esta antología, y una dicha sentir al poeta a través de unos versos que vivencian la grandeza de quien entiende el valor social y emocional del poema.