11 de enero de 2014

Nosotros que corrimos tanto y tanto delante de los grises…



Nosotros que corrimos tanto y tanto delante de los grises…

Fíjate si corrimos
que cuando nos iban a dar alcance
apretamos la marcha
y entonces no sólo dejamos de ver a los grises
sino que cuando nos quisimos dar cuenta

éramos nosotros
los que íbamos corriendo detrás de los grises,

y con el impulso de la carrera
empezamos a correr al lado de los grises

y de ir así, corriendo al lado de los grises,
por el contacto, por los roces, por el sudor,
por el miedo, por la mímesis, por las cosas del querer,
pues empezamos unos a convertirnos en grises
y otros se convertían en presidentes del Senado,
diputados forales, consellers, asesores de imagen,
concejales de urbanismo, directores, constructores,
banqueros, fiscales, profesores, antidisturbios…

Todos, todos, corriendo con los grises
y preguntándonos: ¿Pero dónde se habrán metido estos
que corrían delante de los grises,
dónde se habrán metido estos disturbios
corredores delante de los grises?

Nada, no aparecían. Así que empezamos a zumbar
a todo lo que íbamos encontrando:
Veíamos un derecho social, pues un palo.
Veíamos un derecho laboral o sindical, otro palo,
y así, dando palos a los salarios, la sanidad, la educación,
la investigación, las pensiones o la jubilación hemos seguido.

Claro que a veces nos salía al paso un empresario.
Había que tener un cuidado con los empresarios…
porque es que va uno en carrera y no se distinguen bien,
y no es cuestión de darles un palo a los empresarios
por muy representantes de la ley y el orden que seamos
mientras los otros, los que debían estar corriendo
delante de los grises, que son el caos, el desorden,
no se qué hacen o dónde se habrán metido
pero el caso es que cuando los agarremos se van a enterar
porque independientemente de lo que hagan
se presupone que es que hay disturbios
con los corredores delante de los grises
y por eso, nosotros que somos los antidisturbios,
tenemos que antidisturbiarlos.

Así que ya os digo, allí estábamos,
corre que te corre sin parar
hasta que por fin vimos en una plaza
a unos cuantos miles de excedentes de producción,
y dijimos, ahí están, esos que se creen personas con derechos
van a ser los disturbios que buscamos.
Se van a enterar esos disturbios,
les vamos a sacar las tripas,
esta vez no se nos escapan.

Y, como buenos secuestradores de la historia,
negra porra en mano, apretamos la carrera,
por la victoria final, daltónicos
y al lado de los grises corriendo sin parar.

Es lo que tienen las porras, que te las ponen en las manos
y ya no sabes cuándo parar de buscar corredores delante de los grises.



Poema de Antonio Orihuela. “La guerra tranquila”. Ed. Origami, 2012.






Antonio Orihuela- España