30 de octubre de 2014

IMPRECACIÓN A LA BESTIA FASCISTA





IMPRECACIÓN A LA BESTIA FASCISTA 


(FRAGMENTO) 

Contra el pueblo y su ley, echando babas, bufando, echando sangre y montañas de barro, 
mordiendo los estercoleros, 
andrajos de caverna, miserables, horteras de convento, bestias negras, 
fariseos espantosos de la dignidad humana, 
sudando, bramando, mostrando la dentadura, ensangrentada de horrorosos y amarillos 
puñales, 
echáis al gran animal contra el horizonte, 
ensuciando al hombre y al siglo y a "dios" con vuestro comercio de alcantarilla. 
(...) 
Con negros hocicos escarbasteis la santidad y la humildad de los ingenuos, 
todo lo sagrado de las aldeas, 
y vaciasteis la bacinica de las concubinas en el agua bendita de las creencias, 
¡oh! fariseos, ¡oh! filisteos de la retórica asesina, 
¡oh! lacayos borrachos, sobre el santo, el alto, el magno pueblo infinito, 
verdugos del Cid, corchetes de Cervantes, rufianes del Quijote, ¡podetas!, cabrones, soplones, sicarios, 
¿quién os pegara un puntapié en la boca!, 
así, entre llamas, entre sangre, entre lodo, entre laureles y huesos sociales, atragantaros de pólvora, clavaros el puñal en las entrañas, 
traidores de Dios, comerciantes de Dios, repletos de brutalidad y escapularios, 
bufones sangrientos, peleles sangrientos, ladrones sangrientos, ladrando contra la cultura y la grandeza del hombre, ebrios y en cuatro patas, 
desde el montón de basura fascista; 
charlatanes-delincuentes, Herodes de trapo, de sangre, de charco, rellenos de aserrín católico, 
arrasáis los pueblos hispanos, con Jesucristo en las verijas, 
por un infierno de operetas, de pantomima, de bufonada, demonios con anteojos, 
sois los aventureros de Shakespeare, con los pantalones abajo, 
las viejas podridas, enamoradas del adolescente, 
los poetastros oscuros y hediondos, a los cuales se les cae la baba en el cementerio, 
las prostitutas barrigudas del oportunismo, 
las celestinas tuberculosas y apasionadas, como cerdos santos de Freud, las marranas, 
los eunocoides enfurecidos y ambiguos del Vaticano, 
las comadres calientes, con los bigotes ensangrentados de angustia, medio a medio del tabladillo... 
(...) 
Todos los hambrientos, todos los enfermos, ahora, en este instante definitivo, 
todos los muertos, parados al resplandor de las ametralladoras, 
levantan su lamento, esterilizadores de mujeres, de mundo a mundo contra vosotros. 

Cara a cara a la Historia, os crucifico: 
que aborten, horriblemente, vuestras hijas en los pantanos, 
que os estalle hinchada la lengua, 
que la maldición proletaria se os enrosque a la garganta ensangrentada, como una gran víbora, 
y vuestros descendientes se avergüencen de sus antepasados, 
que la tierra, ardiendo, abra la tenaza de sus abismos y os trague, despernancándoos, 
como a bestias funestas, escarnio de sabandijas y alimañas. 



Pablo de Rokha- Chile