19 de diciembre de 2014

XXVIII



XXVIII

El joven poeta imberbe vietnamita
que cayó en su casamata
sin terminar su poema.

El músico de veinte años
que murió en Irlanda
sin formar su conjunto
sin componer su canción.

El estudiante fuerte y alegre
como mi hijo
que cayó en cualquier calle
de cualquier facultad
sin obtener su diploma.

El adolescente pintor
que sucumbió en Buenos Aires
con todos sus cuadros bosquejados
en su cabeza.

El hijo del minero
que cayó en Bolivia
sin ver la revolución.

El muchacho de cualquier parte,
muerto en cualquier sitio,
cuando empezaba a vivir.

El joven masacrado exterminado
por los lobos de siempre
en cualquier lugar de la tierra.

Todos ellos aguardan todavía
en la pupila y en el pulso
de los que siguen en la lucha,
esperan que entre todos
escribamos sus poemas,
hagamos sus canciones,
y terminemos sus cuadros
y la revolución.

(En Poesía política y combativa argentina; 1978)







Alberto Vanasco- Argentina





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Alberto Vanasco

Buenos Aires, 1925 / Buenos Aires, 1993
Segundo de cuatro hermanos, Vanasco nació en Buenos Aires en 1925. Sus primeros años vivió en San Juan y ese entorno campero marcó felizmente el inicio de su obra. A los 18 años publicó su primer libro, la novela “Justo en la cruz del camino” y su pasión por la literatura ya estaba echada. A partir de 1935 comenzó a viajar regularmente con su familia a Buenos Aires, idas y vueltas hasta que después de la muerte de su padre se instaló en Buenos Aires. Dos veces casado y con tres hijos, Vanasco desempeño más de un oficio para ganarse el pan y toda su vida fue un canto a lo nuevo. Formó rabiosamente parte de la vanguardia artística de mediados de los años 40; en compañía del poeta Mario Trejo (1926) fundó el grupo cultural de agitación HIGO club, un antecedente del happening porteño, junto a Paco Urondo dirigió la revista Zona y participó activamente de las publicaciones Macedonio y Letra y Línea. Por períodos residió en las ciudades de Nueva York y Barcelona. Desde 1991 hasta su muerte, ocurrida dos años después, presidió la CONABIP (Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas).
Inquieto sobre todo, A.V. se arrimó al surrealismo local y también sumó pluma al grupo Poesía Buenos Aires. Amigo de Enrique Molina, del correntino Francisco Madariaga y de Edgar Bayley, Vanasco desplegó sus propias virtudes y desarrolló una obra literaria que no dejó rubro sin ocupar. Novelista, cuentista, dramaturgo (con Trejo escribió la recordada y exitosa obra teatral “No hay piedad para Hamlet), guionista, ensayista, traductor y poeta. Su obra en verso suelta amarra con la publicación de “24 sonetos absolutos y dos intranscendentes” (1945, reeditado en 1971), después vinieron “Cuartetos y tercetos definitivos” (1947), “Ella en general” (1954) y “Canto rodado” (1962).
“Creemos que “diamantino” es adjetivo que conviene al estilo de Vanasco, donde el concepto brilla sin sombra de verbosidad, atenuado algunas veces por la metáfora y otras por la melancolía. Es así como el poeta logra transmitirnos su insaciable exigencia de esperanza”, según afirmó de nuestro poeta de hoy la escritora y periodista Haydee Breslav.